Le pain quotidien, cadena de panaderías con aire local

Fecha: JUN 10th, 2008

Tema: Notifranquicias

Untitled Document

BRUSELAS, Bélgica. Una de las grandes cualidades de Le Pain Quotidien es que es como un café de la localidad.

Al entrar y ver los anaqueles llenos de pasteles y el mostrador donde se puede ver el pan y caminar por el ligeramente desvencijado comedor con su enorme mesa de madera, uno se imagina que ha encontrado un maravilloso restaurante local que nadie más conoce.

"La gente todavía se pregunta si es una panadería donde se puede comer o un restaurante donde se puede comprar pan", dijo su fundador Alain Coumont, de 47 años, quien afirma que en su establecimiento no se sirven alimentos que no ofrecería a su familia.

Coumont abrió el primer Le Pain Quotidien en Bruselas en 1990. Actualmente existen 10 surcursales en toda la ciudad, pero los restaurantes todavía lucen como una empresa local, un lugar al cual ir por una taza de café, unos huevos tibios y fresco pan orgánico.

Muchos residentes de Bruselas se sintieron un poco traicionados al descubrir que justo frente a la nueva terminal del Eurostar, St. Pancras Station, en Londres, hay una enorme sucursal.

Aunque la generosidad belga es todavía una inspiración para el encanto de Le Pain Quotidien, el espíritu de la compañía cruzó el Atlántico ya hace un tiempo. Coumont abrió su primera tienda estadounidense en la zona este de Manhattan, Nueva York. Actualmente existen 16 sucursales en esa ciudad, 11 en Los Angeles y tres en Washington. Hoy en día, la compañía tiene 88 sucursales en 11 países y se pronostica que para este año sus ganancias sean de 165 millones de euros.

Este año se planea abrir franquicias en España y México. "Existen más clientes potenciales en la ciudad de México que en París o Bruselas", afirmó emocionado Coumont.

Para Coumont, hornear pan fue un pasatiempo que se convirtió en obsesión, pero ésta no es siempre una base firme para un plan de negocios. Tras fundar Le Pain Quotidien en 1990, Coumont mantuvo mano firme sobre la masa pero poco control sobre el dinero.

Eric Boschman lo confirma. En 1992, él y Coumont establecieron un restaurante independiente- Le Pain et Le Vin- en Uccle, Bélgica, el cual sigue funcionando actualmente, a pesar de que ninguno de los fundadores sigue siendo socio.

"Es increíblemente creativo", señaló

Boschman, "pero si se desempeña como director general, seguramente cierras tu tienda".

Y de hecho, una mezcla de adversidad con inexperiencia condujo a Coumont en 1994 a vender acciones de Le Pain Quotidien a Van de Kerkhove, panadero industrial de Bruselas.

Pronto, Coumont perdió todo, excepto los derechos de propiedad para mercados potenciales en Francia, Japón y Estados Unidos.

Con la idea de empezar de cero, Coumont se trasladó a Nueva York, donde llegó a su primer tienda con martillo, clavos y una brocha. La leyenda cuenta que incluso tuvo que dormir junto al horno durante varias semanas.

"Cuando llega un concepto belga a Nueva York, todos los belgas se enteran", dijo Vincent Herbert, de 43 años, banquero nacido en Bélgica que había estado buscando la antítesis a la feroz competencia de la vida moderna. Coumont quería a alguien que invirtiera en una nueva tienda en Soho. Herbert se unió al proyecto y pronto se convirtió en director general de la compañía PQ Licensing, lo que permitió al chef explotar su fortaleza creativa.

"Además de llevar a cabo nuestro plan de negocio, mi otro trabajo es escuchar a Alain y después decidir si sus ideas e intuiciones son buenas para la compañía", indicó Herbert. "Dentro de un marco bien pensado, Alain se vuelve loco, le surgen miles de ideas, pero me deja a mí elegir la adecuada para el momento".

En 2003 recuperaron la marca, comprándosela a Van de Kerkhove, por lo que PQ Licensing se apropió de ambos derechos y de las tiendas en Estados Unidos.

Van de Kerkhove se convirtió en la principal franquicia belga y Le Pain Quotidien pudo expandirse.

Hace seis años, comenzaron a transformar a la empresa en una firma orgánica. Sin tener que ser fiel a sus proveedores, los procesos ahora son más lentos pero cuidados. Durante 16 años, Coumont le ha comprado aceite de oliva a una familia de Túnez y consiguió un proceso de certificación de tres años, a un costo de más de 450 mil euros. También comenzó a producir vino orgánico en su granja en Languedoc, Francia. "El vino es un pasatiempo, como el pan al principio", dijo, y añadió con una sonrisa de complicidad: "tengo que tener cuidado con los pasatiempos porque se pueden convertir en horribles negocios".

International Herald Tribune
amr/ El Universal /
Miercoles 10 de Junio